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| Mario Góngora del Campo (1915 - 1985) |
En la obra, don Mario afirmó que es el Estado la matriz
configuradora de la nacionalidad chilena (para Góngora, el Estado no era la
burocracia de la administración pública, sino un poder cultural e incluso
espiritual que guiaba los destinos de Chile). Es cierto que la tesis admire una
serie de lecturas y matices controvertidos. En mi caso, su admirador declarado, me la he ido
tragando con ojo crítico a medida que avanzo en edad, sobre todo porque estoy
más consciente de la importancia del Chile colonial y que, con todos los
problemas asociados, su impronta ha trascendido en el tiempo hasta nuestros
días, como la misma devoción a la Virgen del Carmen que hoy celebramos, entre
tantos otros puntos.
Con todo, no deja de ser deseable darle más de una vuelta
a esta peliaguda tesis para entender el momento del Chile actual. Góngora
profetiza en su famoso ensayo que las modernizaciones “neoliberales” (sic) hechas en el tiempo de Pinochet y que
prescindieron abruptamente con toda tradición estatal, siempre traen consigo “revanchas culturales”, porque no son "fruto de nuestras sociedades, como en
Inglaterra, Holanda o Estados Unidos".
¿Cuánto de revancha hay en las actuales oleadas políticas? En
educación, en salud, en pensiones, en todas estas materias se ha prescindido abruptamente del Estado; en cada una se puede leer este "barrunto"
por una alma de Chile perdida, como diría el cardenal Silva Henríquez, donde el
Estado tuvo una importancia muy importante.
Siempre, para justificar las decisiones que se tomaron en
aquella época, se dice que no había más que dos caminos. Jaime habría
procedido de ese modo, aun cuando estaría muy de acuerdo con todo lo que he
dicho. El problema es que todas las revoluciones “desde arriba”, cualquiera sea el color político, por ser estratégicas y
no de largo plazo, se vienen abajo fácilmente. Es decir, se hizo una transformación que no respetó lo “natural”, sólo para deshacerse del enemigo marxista e implantar en Chile una
forma de entender la sociedad muy ajena a nuestro modo de ser y que hoy parece estar siendo rechazada
por el cuerpo de Chile, tal vez de una manera muy violenta, porque las revanchas
suelen ser viciosas.
Chile ha cambiado y no se trata de volver al pasado para “restaurar” lo que ya se fue. Vivimos en un mundo absolutamente distinto y también es cierto que en los tiempos de la dictadura no todo fue absolutamente malo; pero la enseñanza que nos deja este proceso de cambios, en muchos sentidos artificial, que parecen muy razonables si es que se tenía que elegir entre "marxistas y liberales", me parece que debe revisarse en vistas al futuro que nos tocará vivir. Como decía Raymond Aron a propósito de la Constitución, no basta con una razón política, económica o jurídica para justificarla. "Para que el sistema funcione es preciso que la gente tenga fe en su propia Constitución. Y quizás el valor esencial de cualquier Constitución es el de ser aceptada como evidente por aquellas que la conocen o sufren".
Chile ha cambiado y no se trata de volver al pasado para “restaurar” lo que ya se fue. Vivimos en un mundo absolutamente distinto y también es cierto que en los tiempos de la dictadura no todo fue absolutamente malo; pero la enseñanza que nos deja este proceso de cambios, en muchos sentidos artificial, que parecen muy razonables si es que se tenía que elegir entre "marxistas y liberales", me parece que debe revisarse en vistas al futuro que nos tocará vivir. Como decía Raymond Aron a propósito de la Constitución, no basta con una razón política, económica o jurídica para justificarla. "Para que el sistema funcione es preciso que la gente tenga fe en su propia Constitución. Y quizás el valor esencial de cualquier Constitución es el de ser aceptada como evidente por aquellas que la conocen o sufren".
L. Bahorel

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