martes, 7 de marzo de 2017

Libertad

Probablemente el materialismo es el principal problema de la vida social. Y no me refiero necesariamente a cuestiones de índole económica: sería vulgarizar un asunto que es muchísimo más profundo, ni tampoco hago referencia al consumismo, ni al acaparamiento, ni al arribismo, o cualquiera de esas modalidades de materialismo muy importantes, por cierto y que algunos sociólogos han detallado mejor que yo por ahí en libros.

Me refiero a ese materialismo que no permite que las personas sean libres, donde la facultad de elegir una cosa, o una persona, entre muchas, es sólo una ilusión. En ese sentido, es un error pensar que los materialistas son los comunistas y los marxistas, o los izquierdistas de la Nueva Mayoría. Muchas veces quienes enarbolan estas ideologías reaccionan frente al materialismo que nosotros hemos creado. Hay materialismo allí donde los bienes del espíritu, el amor, la amistad, la belleza, la vida, la libertad, bienes que, por definición, son infinitos (no tienen limitación o no se agotan como ocurre con los bienes materiales), se tratan con las lógicas propias de la materia y, por eso mismo, sólo se accede a ello desde una plataforma muy limitada. Libertad, en vez de ser una facultad de elegir entre muchas opciones, se ve limitada por una causa material, a pocas o a veces a ninguna opción.

Culpamos demasiado a nuestros adversarios de ser materialistas pero, nosotros, los cristianos, hemos cenado secretamente con el materialismo desde el momento en que no nos cuestionamos lo suficiente ante este tipo de esclavitud velada y nos conducimos en nuestras relaciones humanas más íntimas, sin saberlo, desde barreras materiales. Elegimos nuestras relaciones íntimas considerando el prestigio, la distinción, la certificación, formas muchísimo más finas de confesar, ante el mundo, que el espíritu humano no está llamado a lo radical, a lo infinito, sino que está limitado y muy limitado, por el hombre.

Luis Robert Valdés

No hay comentarios:

Publicar un comentario