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| Alameda de Las Delicias, frente al Cerro Santa Lucía, el 12 de agosto de 1932. |
"En la amplia avenida, la Alameda de las Delicias, como dice mi madre, antiguo lecho del otro brazo del río Mapocho, frente a la entrada ceremonial del cerro concebida por don Benjamín Vicuña Mackenna, el alcalde grafómano e inventor, hay un movimiento de góndolas llenas de gente que cuelga de las pisaderas y hasta de las ventanas, como racimos humanos, de tranvías que trituran rieles y avanzan tocando una campanilla, de carretelas arrastradas por caballos flacos, de carretones cargados por hombres que parecen no tocar el suelo con sus chancletas o sus pies desnudos, de uno que otro automóvil, un Ford de bigote, un Hudson gris en forma de acorazado, de niños harapientos, llenos de mocos, que corren por todos lados, pero no tienen zapatos ni trajes de marinero, de beatas encorvadas, escondidas bajo velos negros, que dan pasos cortos apresurados para alcanzar la misa de nueve de San Francisco. En el aire se cruzan las campanadas de San Francisco, las del Carmen, las de la iglesia de la Merced, más lejanas, las de la Veracruz, débiles, dispersadas por los ventarrones, por el revoloteo de abejorros y de zorzales, de uno que otro matapiojo, de picaflores"
Tomado de: Jorge Edwards, "Los círculos morados", p. 10.

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