Antes de contestar la pregunta, debemos realizar una aclaración previa: en Chile, por razones históricas, el socialcristianismo tiende a identificarse con la Democracia Cristiana. Sin embargo, entiendo acá el «socialcristianismo» en sentido amplio: no como una doctrina política en particular, ni tampoco como una ideología, sino como la obligación que debe asumir un católico para con las cuestiones propias del orden temporal. Como decía San Alberto Hurtado, “El cristianismo es social o simplemente no es cristianismo. No hay una conciencia para la vida privada y otra para la vida pública. El patrón que va a misa y que paga o que roba su salario al obrero son una sola persona. La fe cristiana debe gobernar absolutamente todos los actos del individuo, y la Iglesia Católica no puede aceptar una estructura social que impida a los hombres la perfección a que están todos llamados. Esto significa que los valores cristianos deben encarnarse en el tiempo; el Reino cuyo advenimiento se pide, comienza en este mundo, aquí y ahora”.
En sus célebres Ejercicios Espirituales, San Ignacio de Loyola nos propone distintas «reglas» para hacer elección, las cuales pueden ser empleadas para tomar decisiones importantes como casarse, irse al seminario y hasta para ayudarnos a clarificar las decisiones domésticas a las que nos enfrentamos todos los días.
En este contexto, me parece que estas reglas nos pueden ayudar para «discernir» por quién votar en estas elecciones de noviembre próximo. En efecto, las decisiones se disciernen, se sopesan, se «rumean» como decía el mismo santo de Loyola. En realidad, el cristianismo no es una ideología donde sus principios se apliquen matemáticamente a la realidad. En particular, nos puede ser de ayuda la «regla del pro y contra» que San Ignacio define como uno de los modos para hacer elección en un «tiempo tranquilo», entendiendo por tranquilo un momento donde se puede usar de la «razón» de «modo adecuado», es decir, donde el alma no se siente tironeada por grandes consolaciones o desolaciones.
Los pasos son los siguientes. En primer lugar, es necesario ponerse delante la materia sobre la que quiero hacer elección: el estado de vida, el voto político, comprar una cosa, etc. En segundo lugar, recordar el fin para el cual hemos sido creados. En tercer lugar, pedir a Dios la gracia para que mueva mi voluntad y pueda, en efecto, confirmar la decisión. Por último, «razonar» los pro y contra, viendo las ventajas y desventajas que trae para mi vida hacer tal o cual cosa, o votar por este u otro candidato (por extensión, para la sociedad). Es necesario precisar que deben tratarse de razones objetivas, no sentimentales o imaginarias.
Una vez realizado el razonamiento, debemos «mirar» dónde se inclina más la razón. Y así, según la mayor moción racional (y no sensible) se debe hacer elección sobre la materia que nos hemos propuesto. No debemos olvidar que, si bien en este caso se trata de una elección política, mudable o contingente, donde pueden existir múltiples razones a favor o en contra, debemos pensar que es necesario elegir lo que más conviene para mi perfección o santificación. Cualquier otra consideración es secundaria o subordinada a este. Aunque no nos guste sensiblemente, debemos hacer caso a lo que la razón objetiva nos diga.
En una primera etapa, el discernimiento se nos facilita porque podríamos proceder por exclusión: entre los ocho candidatos, solo tendríamos en principio tres caminos aparentemente lícitos: Sebastián Sichel, José Antonio Kast y el voto nulo o blanco. En esta columna solo me referiré a estas dos opciones: son evidentes las razones por las cuales un católico no debería apoyar a los restantes candidatos.
Procedamos con Sichel. Pro: i) es un candidato que parece haberse liberado de las ideas de la izquierda. Sus cambios de militancia parecen obedecer a una cierta consecuencia política más que a la pura conveniencia; ii) es un candidato que se opone a las ideas económico-sociales dominantes, y pareciera ofrecer, en ese sentido, un contrapeso a los actuales y posibles excesos de una Convención Constitucional integrada en su mayoría por grupos de izquierda, moderada y radical; iii) por último, parece lograr un apoyo que va más allá de los ejes tradicionales de la derecha política, lo que pareciera indicar que su candidatura busca más el consenso que la trinchera tradicional que ofrece la derecha. Contra: i) no parecieran importarle las cuestiones antropológico-éticas como el aborto, o la configuración de la familia da fundada en el matrimonio. Pareciera, de hecho, pensar de modo más liberal que la coalición que lo apoya, fingiendo su verdadero pensamiento; ii) su historia de vida personal si bien es admirada por muchos, pareciera esconder ciertas inconsistentes que no están del todo claras. Pareciera ser un candidato que se construyó solo en base a ese relato; iii) por último, tampoco pareciera ser un candidato que haya nacido del verdadero apoyo popular. Sus apoyos económicos y políticos provienen, de hecho, de los tradicionales grupos económicos, que poco o nada les importa el catolicismo.
Por otra parte, el razonamiento para Kast sería el siguiente. Pro: i) tiene un carácter forjado y definido, muy favorable a las virtudes que debe poseer un buen gobernante ; ii) es un católico practicante y no solamente de nombre, lo que garantiza una mayor coherencia entre el "dicho y el hecho", lastre común entre los políticos; iii) tiene, al contrario de lo que se piensa, un programa de reformas moderadas en relación al clima que estamos viviendo, caracterizado por los excesos y la irresponsabilidad. Contra: i) no tiene una visión lo suficientemente crítica de la modernización político-económica implementada en los tiempos del régimen militar; ii) su proyecto político se sustenta en una síntesis conservadora-liberal con fundamentos algo endebles, sobre todo por la ausencia de verdaderas ideas políticas (ya Gonzalo Vial decía que la derecha chilena era «pura pasión»; iii) habrá que observarlo, pero algunas de sus ideas parecieran reñir con la doctrina social de la Iglesia (en temas económicos y sociales y otros como la inmigración).
¿Dónde inclina más la razón?
Si se realiza un razonamiento objetivo, la razón claramente se inclina hacia José Antonio Kast, salvo que queramos anular el voto. Hay aspectos de Kast que para un socialcristiano podrían no gustar: su falta de autocrítica hacia el liberalismo económico, una visión excesivamente conservadora de la vida social (Chesterton nos recordaba que el católico es antes «tradicional» que conservador). Sin embargo, no siendo perfecto, posee unas virtudes políticas enormes, que ningún candidato logra alcanzar ni siquiera de cerca: es una persona que ordena bien a su rebaño (posiblemente con muchas diferencias internas que casi no se notan hacia el exterior, al contrario de lo que ocurre con Sichel) y, por su catolicismo, su razón política tiene mayores probabilidades de ser iluminada por la fe, si llega obviamente a ser Presidente de Chile.
Alguno estará pensando por ahí que este análisis es "clericalista". Pues no: un auténtico socialcristiano, jamás confunde el orden temporal con el orden sobrenatural. Pero jamás los "separa", como lo hace el liberalismo. Tan solo «distingue», no para separar, sino para «unir». Las condiciones históricas de posibilidad para el socialcristianismo se ven lejanas: es verdad. Pero nunca debemos perder la esperanza ni volvernos liberales para renunciar a ellas (“hubo un tiempo en que la filosofía del Evangelio gobernaba los Estados”, escribía León XIII). Mientras tanto, debemos ser fieles antes que buscar el éxito político y Kast es la mejor opción.
Luis Robert V.
Marido y padre de familia chileno





